Ternura
Sábado 17 de octubre de 2026
El otro día Don Facebook me trajo una foto de hace 11 años; estoy dirigiendo una orquesta en Colombia.
Me miré y era, a la vez, yo mismo y alguien tan lejano.
Me sorprendí. Y eso que no era una foto de hace 30 o 40 años, era sólo de hace 11.
¿Cuántas vidas vivimos en nuestra vida?
¿Por cuántas etapas, anhelos, deseos, situaciones, vínculos, soles y tormentas pasamos?
¿Quién es ese hombre joven que tiene la batuta en su mano derecha? Soy yo, evidentemente. Sin embargo, ya no soy yo. O yo lo tengo a él también en mí.
Una vez, en un reportaje, le preguntaron al gran Leonardo Sbaraglia qué le pasaba cuando veía sus primeras apariciones en Clave de Sol, aquella tira para adolescentes en la que empezó cuando tenía no más de 13 o 14 años. La pregunta era amable y no traía maldad aunque también la traía porque todos los adolescentes que allí trabajaban no eran más que niños grandes jugando a actuar.
Sbaraglia me dio entonces una de las más bellas clases acerca del amor y me develó mucho acerca de porque sus actuaciones suelen conmoverme. Sólo sonrió y mirando hacia el entrevistador dijo "me da ternura".
Algo similar me ocurre al mirar(me) en esa foto (y en tantas otras fotos de mi vida) en donde me veo convencido de aquello de lo que, de una u otra manera, sigo convencido, aunque con más vida en el medio. Me veo y me surge una mezcla de amor y respeto y orgullo. Y ternura.
Quizá en eso se nos juegue mucho de nuestra manera de estar en el mundo, en cómo nos miramos en las fotos de la vida. En cómo nos enorgullecemos o nos criticamos o nos culpamos o nos reconocemos valiosos o nos defendemos o no de nuestras propias voces detractoras.
Porque todos acertamos, fallamos, podemos y nos podemos, ganamos y perdemos.
Vivimos.
Todos hemos tenido 13 o 14 años y (si tenemos suerte) ya no somos los mismos.
¿Sin embargo, cuán orgullosos y tiernos podemos ser con aquel yo que ha vivido cada foto de nuestra vida?