Madrugadas de gatos y palabras

Sábado 15 de agosto de 2026

Me pasa cada tanto. En algunas épocas más seguido, en otras menos.

Me despierto de madrugada. Y ya no duermo.

Muchas veces es porque me duermo temprano, digamos entre las 10 y las 11 y entonces a las 4 y media o 5 de la mañana ya descansé. Otras, es porque simplemente me despierto.

Quizá también es mi mente que trae algún peligro que nunca ocurre.

¿Quién sabe?

Sin embargo tengo suerte. En general no me preocupa demasiado. No me pasa eso que muchas veces pasa: Que la persona que se despierta de madrugada comienza a pensar que tiene que dormirse porque luego estará cansada y entonces… por supuesto no puede dormirse.

No. Por suerte no.

Me lo respeto, por algo mi cuerpo se despertó. Y si al día siguiente está más cansado se dormirá más temprano.

Veremos.

Cuando esto ocurre (y esta semana ocurrió un par de veces), cuando veo que ya no dormiré, suelo levantarme. Por supuesto me hago un mate, deambulo por mi casa, converso en voz baja con mis gatos en ese idioma que sólo los humanos que hablan con gatos y los gatos comprenden, los acaricio y finalmente prendo la compu. Veo mails o mensajes e intento dejarla abierta. La oscuridad de la aún noche que se ve por la ventana a veces es una invitación. Muchas veces nadie acude y de a poco el día va ganando su lugar, entonces comienzo mi rutina de estiramiento y meditación; un ratito nomás, tampoco es para tanto.

Sin embargo, a veces, alguna palabra aparece y flota un rato ahí, insinuándose, mostrándose para que yo intente acercarme. Sé que si lo hago con demasiado ímpetu ella se irá como los sueños que se deshacen a medida que uno intenta recordarlos. Como un oasis o una mancha de agua en el horizonte de la carretera.

Entonces la miro y no la miro, la deambulo rodeándola, casi sin pensarla e intento dejar que ella confíe y vaya trayendo a otra y a otra y que en ese aparecer me vayan nombrando algo de mí que aún no conozco o que sólo intuyo.

Esta semana algo de eso pasó y la tristeza tomó protagonismo para reclamar su derecho a ser sin por qué ni motivo.

Algo, quizá un pequeño poema o simplemente líneas quedaron escritas y yo me fui enterando de lo que no sabía que sentía. O que sabía sin saber.

Después, como suele pasar hace días en Buenos Aires, el día fue amaneciendo sin sol, gris y con llovizna. Y entonces algo de lo escrito encontró también su color en la mañana

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¿Por qué?

Es aquí, en la mañana antes del sol,

en la oscuridad de la noche que se extingue

pero aún persiste

cuando la tristeza del mundo (y la mía) se vuelve hacia mí

¿Por qué estaría mal mi sinsentido?

¿Mi nostalgia de lo que no existe?

el rechazo

la acusación

la mirada despreciante

¿No es esa la fuente de todo el dolor del mundo?

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Tristezas sin argumentos

¿Por qué necesitar algo donde depositar la tristeza?

¿No es ella digna de su propio lugar sin argumento?

¿No es la incógnita de la vida suficiente para validar las lágrimas de un niño?

Creerse superior que todo

determinador

controlador del mar y de la lluvia

pequeñeces de pecho inflado sobre el banquito de la cocina