Primer acto
Sábado 20 de junio de 2026
Primer acto: Un tipo que es más una leyenda que un mortal se pone los cortos, la número 10 y da otra función de gala ante adversarios que casi podrían ser sus hijos
¿cómo se llama la obra?
(En realidad, no sé cómo se llama, pero me parece que ya la vi)
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Comenzó el Mundial y la Argentina jugó su primer partido contra Argelia. Así, el martes pasado, a las 10 de la noche estábamos todos (bueno, los que amamos el fútbol, aunque los que amamos el fútbol creemos que todos) frente al televisor.
Muchos, como yo, pensábamos que sería una noche tranquila y que lo que había ocurrido en el debut del 22 contra Arabia Saudita había sido sólo una excepción y que sería difícil que se repitiera. Nos disponíamos (me disponía) entonces a un partido que casi con seguridad se resolvería en favor de la Selección. Había equipo, había entrenador, había grandes figuras. Y, por supuesto, estaba Messi. Seguramente tirado a la derecha, como en los últimos años (como en Qatar), con poca participación, aunque siempre con alguna pincelada muchas veces definitoria. Y quizá con algún gol de tiro libre o penal. Casi un mundial más de homenaje a lo que ha sido este monstruo del fútbol (que cumplirá 39 en pocos días) que de brillo propio y actual.
Sin embargo, Messi volvió a defraudar a lo posible y ya a los 15 minutos había marcado como si fuera un 4 al puntero izquierdo argelino, y se había tirado a los pies de otro adversario al mejor estilo Mascherano en el 2014.
"¿Qué le pasa a este hombre?" pensé. Avísenle que es contra Argelia, es la primera fecha y que seguramente vamos a ganar tranquilos.
Pero Messi es así; siempre nos da otra versión, otra posibilidad. Messi siempre da otro color. Su ser es nunca ser como fue. Siempre hay algo más.
El otro día nunca se estacionó por la derecha como había jugado en Qatar, nunca deambuló la cancha esperando la posibilidad. Jugó e hizo jugar. Y hasta tiró una plancha en el segundo tiempo que habría merecido una amarilla.
Y destrabó el partido.
El primer gol corriendo recto al arco y pegándole con comba para que entre en el palo izquierdo. El segundo gol de rebotero, al mejor estilo goleador rústico aunque con un toque leve también al palo izquierdo. Y el tercer gol como una repetición de decenas de goles que le hemos visto hacer en la selección, en el Barsa, en París y en Miami; corriendo de derecha a izquierda y poniéndola junto al segundo palo. En esa jugada, cuando Messi toma la pelota todo el mundo sabe lo que hará, y nadie consigue impedirlo.
3 goles.
Sí, 3 goles de Messi. SIn penales ni tiros libres.
Y no hizo el cuarto porque el arquero la sacó por arriba.
Si, Messi.
El del homenaje. El que podría ser el padre de los adversarios.
Detrás, o alrededor, o debajo… un equipo.
El equipo de siempre. Casi que el de Qatar, el que sale de memoria, sólo con el agregado de Facundo Medina por Tagliafico lesionado. Más las ausencias de Otamendi (entró hacia el final) y Di María, próceres con sólo un escalón por debajo del señor de la 10.
El resto, lo mismo.
El entrenador, el mismo.
El cuerpo técnico, el mismo.
Los valores, los mismos: Trabajo, trabajo, trabajo.
Y seriedad.
Y humildad.
Las lágrimas contenidas de Scaloni cuando salió Messi.
Y las palabras del 10 cuando algún periodista le preguntó qué sentía al ser uno de los 2 goleadores históricos de la historia de los mundiales.
"Me da mucho orgullo estar ahí con tantos grandes jugadores"
Fin. Telón
Cerrame la 14
El lunes vamos por el segundo acto.