Se vienen, se vienen...

Sábado 20 de diciembre de 2025

Se vienen, se vienen, se vienen…

Mis pacientes traen el tema desde hace dos o tres semanas

en grupos, individualmente, en talleres, en la ansiedad de sus miradas

se vienen, digo, se vienen…

… las fiestas

O, mejor dicho...

las Fiestas

Qué temita

Porque en las Fiestas aparece siempre la lupa, la lupa que agiganta tantas de las cosas que quedan disimuladas, minimizadas, ocultas entre las ocupaciones, idas y venidas y ajetreos propios del año. Y, sobre todo, porque en las fiestas aparece maximizada… la culpa.

O, mejor dicho, la Culpa.

La Culpa que me obliga a tener que ser/hacer/estar donde quizá no quisiera ser/hacer/estar.


Pero, más allá de ello, no será este un artículo psicológico acerca de las Fiestas o la Culpa.

Sino un breve repaso personal, mínimo, casi sin importancia.

Y hasta quizá un poco atípico.

Porque yo, en realidad, tuve suerte con las Fiestas.

Mis recuerdos de las Fiestas en mi infancia son siempre alegres. Como los son casi todos los recuerdos con mis primos. Y mis tíos (Davis y Matilde) y mi abuela (Rebeca, aunque le decíamos Biba). Y era siempre la reunión familiar entre ellos (4 primos más padres y abuela) y nosotros (2 hermanos más padres). Más algunos amigos de la familia de mis tíos. En general en su casa de Belgrano o, algunas veces, en la nuestra de Boedo.

Y era jugar toda la noche hasta la comida. Y no mucho más (¿para qué más?).

Y así fue toda la infancia hasta que también las Fiestas se nublaron un poco (pero sólo un poco) allá por mi tormentosa y oscura adolescencia y juventud.

Y se fue desvirtuando un poco (pero sólo un poco).

Como un cielo que se va ennegreciendo lento, aunque nunca realmente se llueve. Hasta que… llovió.

Y llovió aquella Noche Buena del 99, en el que "festejamos" con la familia de la mujer (hoy ex mujer) de mi hermano, en un salón como para 50 personas en el que sólo conocía a mis padres, mi hermano y su mujer.

Y me encontré entonces, a mis 29 años, con una copita de champan en la mano y deambulando entre rostros desconocidos y pensando "¿qué hago acá?". Y en seguida "es la última vez que paso una Noche Buena así".

Y entonces, al año siguiente, cuando nuevamente mis padres decidieron pasar la Noche Buena con la familia de la mujer (hoy ex mujer) de mi hermano y mi mamá comenzó, allá por inicios de diciembre, a preguntarme "¿qué vas a hacer en Noche Buena?" yo empecé a responder "todavía no sé". Y así seguimos hasta el 15 y el 20 y el 21, 22, 23, ella preguntando y yo pensando qué era lo que en realidad quería hacer (o al menos lo que no quería). Y me fui dejando y dejando no resolver hasta que la resolución calló como una fruta madura, madura y lista para ser disfrutada jugosamente, el 24 a la mañana cuando mi mamá volvió a llamarme (ya preocupada y casi angustiada "por mí") y le dije simplemente "la voy a pasar acá, en mi casa, solo".

Mi madre se sorprendió, confirmó su angustia y me preguntó en ese tono intermedio entre la incredulidad y el reproche "¿Sólo? ¿Pero por qué no venís con nosotros?". Y yo me sorprendí al escucharme (porque no creo realmente haberlo dicho, sino que recuerdo escucharme y recién luego darme cuenta de que lo había dicho) "porque no tengo ganas, no quiero pasarla con esas personas, no las conozco y no tengo nada en común". Así, sin pelea, sin discutir, sin nada más que el sentir haciéndose palabra. Y fue tan pasar a otro plano… decirle (y decirme) lo que sabía y no sabía que sabía, lo que estaba seguro que terminaría el universo mismo. Y lo que lo terminó. Para después permitirme comprender que no había pasado nada.

Dije lo que sentía. Y la vida continuó como antes. Y todo había cambiado.

Y me quedé sólo en aquel ambiente y medio en el que vivía y que le alquilaba a mi amigo Ale (el del cartelito) en Blanco Encalada y Cabildo (en Belgrano). Y me compré un champan barato (no había presupuesto para más) y brindé conmigo mismo en el balcón que daba al cielo.

Y fue tan simple. Y tan bello. Y tan sin pretensiones.

Y fue como un rescate. Un recuerdo de que "no hay que"… no hay que cumplir con nadie, más que con uno mismo. Como un recuperar algo que era bello para mí y que estaba empezando a ser para otros.

Desde esa Noche Buena nunca más estuve sólo en ninguna Fiesta, aunque no me molestaría.

Hoy las Fiestas desde hace años son con Raquel (mi pareja), mi hija, los hijos de Raquel y/o con mis primos y mi tía más los hijos de todos los colores. Con los seres que quiero, con quienes quiero estar.

Este año será Mar de las Pampas. Noche Buena con Raquel y los hijos (mi hija y los hijos de ella). Y Año Nuevo con Raquel, seguramente tomando un buen vino y escuchando a las ranas que aparecen allá por las 10 de la noche en el bosque.

Sin pretensión

Con nosotros mismos

Espero que la pasen como yo, con quienes desean estar

Muchas felicidades