Padres
Sábado 3 de enero de 2026
Hoy, en este primer escrito del año, me gustaría honrar a mis padres.
A mis padres biológicos, es decir aquellos que me dieron la vida; además de experiencias, valores, vivencias, enseñanzas y tanto otro que me hace hoy ser lo que soy.
Y a mis padres de la Vida, aquellos que me mostraron de diferentes maneras quien soy aunque aún no lo sabía.
Porque eso hacen los padres ¿no? Nos llevan un paso más hacia nosotros mismos. Nos nutren, nos dan, nos muestran y nos acercan así a quienes ya somos dentro pero sin ser aún.
Nos llevan hacia la Vida
Y hacia la vida nuestra, la propia
Y allí me llevaron Roberto y Lucía, desde su amor profundo, complejo, lineal a veces, indesentrañable otras. Enseñándome a agarrarme fuerte de lo que deseo y a mantener distancia a la vez, a pensar, a amar, a valerme por mí mismo.
Y también aquí me trajeron los otros padres, los de la Vida, ayudándome a diferenciar el árbol de la maleza, enseñándome a discriminar(me) qué de mí soy yo y qué lo que han querido que fuera; en una danza que no se termina (ni tiene por qué hacerlo) entre lo que quisieron de mí y mí mismo.
Y es tan bello
tan bello danzar y buscarse a uno mismo en cada paso
a veces tan "abierto ante tanto abierto"
a veces tan "no te rindas"
a veces tan "¿qué haré con el miedo?"
Y tuve suerte, porque he tenido, tengo, varios padres de la Vida.
Y los tengo desde hace años, como una mitología propia, nombrados y presentes, aunque se mueven, cambian y otros se acercan casi hasta el umbral.
Y son seis. A tres de ellos los conozco (en realidad a cuatro) y los otros tres me hablan a través de su música y sus palabras.
Todos me conmueven de alguna manera. Todos me nombran, me muestran, me develan a mí de mis propias cegueras de mí mismo.
La tablita me da un poco de pudor, porque es una listita que, dicha, se parece más a una formación futbolística delirante que a la gente a la que le debo tanto, pero como es un pequeño homenaje y un agradecimiento… ahí vamos
Bach, porque me va ordenando el alma a cada escucha
Freud, porque me nombra en el sufrimiento infantil con su artística teoría del psiquismo
Hugo Mujica, porque me enseña el silencio y que Dios es la pregunta
Miriam, mi psi, porque me salvó
Norberto Levy, porque fue la primera tabla de la que pude agarrarme
Norma, mi instructora de yoga, porque me enseñó a ver en el cuerpo lo vivido
Gracias, nada más
y nada menos