"No duermo lo que debería dormir"
Sábado 7 de febrero de 2026
Mi paciente me cuenta
"No duermo lo que debería dormir"
"¿Cuánto dormís?" – Le pregunto
"6 horas" – Responde
"¿Y estás cansado durante el día?"
"En general no"
"¿Y por qué deberías dormir más?"
"Porque tengo que dormir por lo menos 8 horas" – Asegura decidido
"¿Por?"
"Bueno… es lo hay que hacer ¿no?" – Intenta, menos decidido.
"¿Para quién?" – Pregunto, pensando también en mis propias aparentes seguridades.
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Lo que "se debe", lo que "hay que"
¿Cuál es el parámetro a partir del cual tomamos nuestras decisiones?
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Hay una frase del genial Víktor Frankl que en general no es muy citada pero que a mí me conmueve y que proviene de un libro que tampoco es tan citado, El hombre en búsqueda del sentido último
La frase es esta
"En tanto en cuanto el hombre sigue ligado al miedo al castigo o a la esperanza de un premio (o, lo que es lo mismo, al apaciguamiento del super yo), la conciencia no ha salido todavía a escena"
Y es tan complejo. Porque si nos miramos, si nos observamos profundamente, está tan presente el juez, tan intrincadamente omnipresente que, si no estamos verdaderamente atentos, se nos cuela en nuestras decisiones más nuestras.
Porque, como mi paciente, hasta el dormir está pensado para calmar a ese juez interno que nos dice lo que está bien, lo que está mal, lo que hay que hacer, lo que no hay que hacer… y que nos juzga si no somos como dice que debemos ser.
Por supuesto los nombres del juez cambian según las escuelas psicológicas que tomemos, pero no importa hoy eso. Lo que importa es que, mientras nos movamos para obtener el premio o para evitar el castigo (el interno, el propio, el nuestro) la conciencia no ha salido todavía a escena.
O yo no he salido todavía a escena.
Y yo no seré yo; ni dormiré lo que necesito, ni me vestiré como realmente deseo, ni diré lo que siento, ni iré donde quiero, ni comeré lo que sea verdaderamente bueno para mí.
Porque ser nosotros mismos, ser verdaderamente nosotros mismos, es quizá el proyecto más complejo y apasionante y bello y doloroso de toda nuestra vida. Intentar desentramar eso que creo que soy para ser un poco más lo que soy, soportando no moverme para que me quieran (afuera y adentro) ni contra el que quiero que me quiera (afuera y adentro).
Soportar ser quienes somos, capa a capa, en ese bello y hondo y triste movimiento de des-armar quienes hemos tenido que ser para ser queridos para ser así un poco (un pequeño poquito ya es mucho) quienes realmente somos.