Cumpleaños... feliz

Sábado 29 de noviembre de 2025

Pasó quizá lo más bello que podía pasarme:

Fue un día casi normal, no un día extra-ordinario

un día ordinario;

sólo lo dejé un poco más libre que lo habitual

pero por lo demás, un martes como cualquier martes

Un paciente

mi clase grupal de tenis (a la que no fui, al final les digo por qué)

una reunión de equipo con los Habitar(nos)

un taller de escenas

Sólo coloreado con algo un poco menos frecuente para ser martes: El almuerzo con mi hija y la cena con mi pareja

Pero por lo demás, casi un martes más

Y en ese día normal, en ese martes más, entre lo que iba haciendo, como el entramado del objeto que casi ni se ve porque uno ve el objeto o la música de la película a la que casi ni se atiende porque uno está atendiendo la película…

un montón de mensajes de quienes conozco personalmente y que quería que mensajearan, de quienes no conozco personalmente y que quería que mensajearan, de quienes conozco y no conozco y que no hubiera esperado que mensajearan…

de voz, escritos, con un dibujo o un video, de aquí, de allí y de donde se les ocurra...

desde el primero que, por diferencia horaria llegó como 10 horas antes del 25 hasta el último (por ahora) que llegó ayer.

Y además de los mensajes.

Los abrazos, las sonrisas, la doble torta (y me perdí la tercera, al final les digo por qué) y los ojos… los ojos de afecto. De afecto mutuo.

Como todos, hasta ahora, me debo haber equivocado en mi vida.

Como todos, hasta ahora, debo haber acertado, para que tanta gente tenga ganas de desearme feliz cumpleaños y estar conmigo, de tantas maneras, el martes pasado.

MI agradecimiento a la vida es como un calorcito en el pecho que me da a la vez pudor y alegría. Como un sentarse a ver el mar o el amanecer o la caída del sol.

Como un estar con uno mismo, gracias al estar con los otros.

gracias al estar con los otros

gracias


Coda:

Ah, eso sí, todo muy lindo, pero además de todo eso, desde el domingo se vino anidando en mí como una especie de (primero) pequeña gripecilla que fue creciendo y creciendo sin parar y transformándose (luego) en una gripe con todas las letras y que, finalmente, la noche del martes, después de la cena con mi pareja me dijo "listo, querido, feliz cumpleaños, ahora escuchame a mí".

Y, raro en mí o quizá porque ya tengo 55 y de apoco voy aprendiendo, la escuché.

Y suspendí todo, pacientes, clases, grupos… (e inclusive la clase de tenis y la tercera torta) hasta hoy, que vuelvo a salir de mi casa para el taller de escenas que empieza dentro de tres horas.

No sé cuándo cumplan años, pero ojalá que el próximo que cumplan sea tan lindo como el que pasé yo el martes pasado

si, si, ya se… lo de la gripe podríamos ahorrarlo…